martes, 2 de mayo de 2017

palacios de sal en desiertos de miel



Mi historia se reduce a la perplejidad. Corriendo atrás de lo que nunca pasa, de los tal vez, de las ocasiones en que sueñas para no perder la esperanza, de la creación de palacios de sal en desiertos de miel. 


¿Debería ignorar el mar y su aire marítimo amante de las palmeras?, los segundos se van sumando para formar días enteros; el sol vuelve a salir y la luna no tiene reparo en burlarse de él.
Se perfectamente donde estas y al mismo tiempo lo ignoro por completo, si tan solo estuvieras caminando sobre arena blanca, tersa, con las manos en los bolsillos y la mirada al horizonte, podría contarte que la ciudad sigue siendo un caos, que hoy el calor no fue tan insoportable como ayer, llovió de tarde ensuciando los autos, molestando a las personas. La gran ciudad, la ciudad, mi ciudad, tú ciudad, lo cotidiano de días que empiezan con un caos retrasando el itinerario, horas de estar en el auto, ir y venir discutiendo el arte de la autogestión y la supervivencia.


¿Y tú?  en ese silencio provocado ¿Ya te ha hablado tu corazón, lo escuchas?

Debería de ignorar diciembre y saltar al próximo capítulo de la historia, me gustan las novelas con drama y romance, hoy escuche una que contenía ese suspenso moderno; siempre hay algo que deslumbra a la mujer, es curioso cómo los hombres no se dan cuenta de esos pequeños detalles, o tal vez si y prefieren ignorarlo. Por qué no ven que nos gustan esas pequeñas cosas que ustedes no creen posibles en sí mismas, en sí mismos.


No sé cuándo vas a volver, no sé, por lo pronto mis pensamientos navegarán en la mar ocultos en botellas de cristal, tapón de corcho y un moñito rosa en su cuello, seguro así llegarán a la isla del destino.


Por ahora, la incertidumbre seguirá en el camino.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

un pequeño refugio



Tú y yo deberíamos poner un café un tanto revolución un tanto arte contemporáneo, yo pondría las flores y los colores; tú las líneas, los grises y los altos contrastes, tendría un ambiente parisino like película de Woody Allen respirando la bohemia y la intensidad que da el ajenjo.

Seríamos espacio  con olor a lavanda y madera mojada después de la lluvia, punto de encuentro de sociedades dispares necesitadas una de la otra sin saberlo, habría explosiones de vez en cuando, de esas que crean mundos alternos, choques creativos para proyectarse en todo el universo y después, de nuevo la clama, el aroma a café, de ese del bueno, del que tú y yo sabremos se cosecha de corazón y se disfruta un poco todos los días.

Imagino mesas chaparras y unas muy grandes como para gigantes, sillones, sillas, bancos, cajas, taburetes, un pequeño rincón para aquellos que buscan refugio cerca de la pared y música, claro que música que dependiendo de la hora del día acompañaría a los presentes para hacer el soundtrack de sus sueños.

Macetitas en las ventanas, margaritas, geranios, obviamente muchas lavandas… rosas blancas, si, para que la reina roja tenga de que enojarse y por arte de magia se conviertan en rojas siendo un deleite para los ojos expectantes... sería un diminuto jardín para que aquel solitario pueda contemplar y relajarse. 

Estoy segura que habría tertulia de noche y de día, sería sala de operaciones para acomodar los proyectos pensados, hogar compartido con todos y con nadie, un pequeño refugio tan acogedor que solo le faltaría la chimenea en invierno

 Los rayos de sol y luna envolverian los corazones de los comensales haciendonos cada día regresar solo para ver que nuevas historias se relatan dentro de nuestras 4 paredes.

tú, yo y un café





sábado, 10 de septiembre de 2016

Táctica y estrategia



Si yo soy lo que pienso entonces quiero pensar, vamos, que difícil, debería querer pensar en lo positivo de la situación de mí existir, así como eslogan de comercial en donde todo es perfecto. Claro que eso no pasa, lo primero que viene a mi mente es la fatalidad de lo cotidiano, la pesadez de los segundos que se clavan como astillas en las plantas de los pies convirtiendo los pasos en imposibles... y ahí viene nuestro querido amigo el tiempo, el problema con él es querer controlarlo, contabilizarlo, sufrirlo porque no sentimos que fluya cuando hay fisuras en el corazón.

La noche trae las opciones del pensar y ahí se complica dos rayitas más el para dónde nos inclinaremos a la mañana siguiente, sé que muchos son solo hacedores de lo que la agenda determina, de lo que la sociedad dicta, del tiene que ser así, pero habemos esos otros que nos empeñamos en la necia de los caminos, de las paralelidades, de las posibilidades. Por lo pronto pareciera que hay dos opciones, sumirme en el abismo de la depresión por no tenerte azotando mi mente en cada  recoveco sombrío que se asome pensando en que se lo suficiente para esperar y a la vez no tanto como para creer que será,  o reconocer la plena libertad que da el amarte dejando libre al amor en su vuelo de búsqueda y aceptación con la esperanza de  que tal vez resulte en el acoplamiento certero del uno del otro en su justa medida y del entendimiento que permita su realización.

Simpleza en el poder sublime de la capacidad mental del querer al amor por su totalidad, pinche amor, qué no? Y ahí vamos de nuevo, no, él no tiene la culpa simplemente si no lo podemos comprender en sus múltiples facetas es que diremos eso del pobre amor, él es pleno, incluyente, compartido, se da así por darse, porque es un todo, por eso nos cae bien y nos cae mal, no le gusta ceñirse a las reglas políticamente correctas, ese cupido travieso, el amor es de dioses, de humanos de animales y de todo ser vivo… ya ven?, si puedo pensar en positivo aunque sea solo un párrafo esperanzador de… 

No, ya se acabó, tan, tan, siguiente concepto la incertidumbre, y aunque yo sé que me se comportar y todo es en su justa medida y proporción; no deambulo por pasillos, no reclamo las presencias, pues… todo se basa en la confianza del que puedo estar ahí con mi vida y la vida, es saber hacer en la normalidad del dejar fluir, así las astillas de los pies se irán desvaneciendo, y el amor, otra vez el amor, fluirá en su capricho artístico, embriagante, desenfrenado, compañero, amigo y amante, solidario de lo que sabemos nos es imprescindible; si, lo aceptamos apenas, pero tiene una vida haciéndonos falta, confió en que ahora que está plenamente reconocido no vuelva de nuevo a encadenarse… sé que Benedetti nos dará las respuestas.

…hagamos un trato…

jueves, 25 de agosto de 2016

My Apple pay



My Apple pay

I need to eat apple pay

I want to eat apple pay

I miss it?

I dream it

I don´t have it

I can have it?

I love apple pay

…Pero eso a nadie le importa…

Ni siquiera recuerdo si la historia comenzó en una tarde de verano al caer el sol, creo que más bien fue de noche bajo las estrellas, a veces creo que todo ha sido como el pay de la ventana en el cuento del muñeco de jengibre. 

My Apple pay… I need to eat apple pay

lo que es verdad es que a mi nariz  de vez en vez llega su aroma manzana, ahí cuando el estrés se junta con la desesperación antes de dopar mi mente, entre las calles de la gran ciudad y la soledad que genera la compañía de las masas, claro! Obviamente son los mejores segundos que estremecen el cuerpo, queriendo saborear ese rico olor de fruta o de menos tener a la mano una manzana, chiquilla, de esas verdes que caben en el bolso para poder zacear el ansia de comer lo dulce a mordidas;  ser interrumpido en el día por la sola imagen de esa rica cubierta crujiente contenedora de una miel en su punto perfecto de dulzura que se derrite en la boca provoca la energía suficiente para sanar los vacíos del corazón, contener la nostalgia en ese momento único, repetido tantas y tantas veces en el lejano paralelismo de la imaginación… I want to eat apple pay

I dream it… lo sueño?, lo sueño con los ojos abiertos, antes de dormir se escabulle  del pensamiento, es un pequeño travieso que se insertó en la necesidad… sé que lo he saboreado, lo se… o no lo se… lo comí alguna vez? Creo que sí, ha de ser por eso que su sabor me tortura de vez en cuando, o creo que no y tal vez siga el espectáculo de las pesadillas disfrazado de satisfactores, presupongo que tengo razón en que es un sueño, me empalago al grado de llevar días de querer vomitar y luego de nuevo la pequeña manía de querer comerlo, pensarlo y repensarlo idear maneras de traerlo al paladar, definitivamente es algo que no hay que comer con tenedor, es mejor usar los dedos y saborear poco a poco la delicia de tenerlo... de nuevo el aroma del recuerdo…